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23 de enero de 2011

Desafío al destino





Agonizaba en su agonía. Tras un grito sordo, pedía auxilio, pero nadie lograba escucharla.
Entre ruegos y gemidos, renació una triste y solitaria fisonomía. Apareció como mandado por alguien. Era un ángel acompañado por gaviotas del más allá con una misión que cumplir.
La madre de la víctima le había advertido no meterse en ese callejón, que algo desafiante lo esperaba. 
Instinto maternal no valorado por el adolescente.
Caprichos, malgastos, vicios y ambición: eran su vida real. Ésta pobre víctima del fracaso vio cómo esa cara  mostraba su corazón que se congelaba de a poco. La víctima intentaba hacer contacto con algún objeto, pero era inútil, todo lo traspasaba como la sombra. Y allí es cuando el Ángel le dice: "Valora a tu madre tanto como a tu padre porque hay quienes no lo tienen. Valora tu hogar porque hay quienes duermen sobre un cartón en la calle. Cambia tus materiales por los sentimientos que intentan demostrar ellos. Cuida tu salud porque hay quienes padecen de ella. Escucha a tus superiores y usa sus palabras de guía, porque hay quienes siguen los pasos del silencio. Disfruta de la realidad porque hay quienes viven de sueños y fantasías. Goza de la claridad porque cuando te agarra la oscuridad no podrás escapar. Sal de tu hipnotice y disfruta de la vida que tanto te anhela".
Sin tener noción del tiempo, éste adolescente despertó en un Hospital. Abrió sus ojos y bajo la luminiscencia que lo rodeaba, no podía ver con claridad. Un resplandor lo invadió. Era la luz de un nuevo día.
Y el emblema mayor dice en su vida: "Gracias a la divinidad de ese huérfano crucial sin destino, que a más de uno le enseñó a volar".


Autora: Romina Munafó

26 de junio de 2010

Inocencia y Culpa



Erase una vez una niña de 5 años que dormía plácidamente junto a su hermana menor que tenia sólo 6 meses de vida. Su mamá la amamantó y la dejó recostada boca arriba para luego irse a trabajar como todas las mañanas. Su papá se había ido al baño cuando la beba de repente comenzó a arrojar violentamente por la boca el contenido de su estómago, ahogándose en su propio vómito. Su hermana mayor que estaba acostada al lado, recién despierta notó que su hermanita tenía la piel violeta y casi no respiraba. Se levantó, la dio vuelta y comenzó a darle pequeñas y fuertes palmadas en la espalda, hasta que exhaló sangre de su boca. Ya era tarde para lo que fuera.
La hermana dejo a la beba boca arriba asustada. Volvió a la cama e intentó llamar a su papá. Justo estaba llegando cuando se encontró con la sorpresa.
Su pequeñita estaba muerta. Se hizo cargo de todo y entró en la Locura de forma Inmediata. Gritaba, lloraba, pataleaba con euforia. El llanto de culpa lo invadió.
Hoy, la niña de 5 años tiene 19 y está esperando en el hall del Centro Psiquiátrico dónde está internado su padre. Siente una mezcla de culpa y a la vez pena por su padre, por hacerse cargo de algo que no fue culpable. Y allí está... sólo con la última imagen de su niñita... dopado... ido... vacío... cumpliendo la pena por la niña que ahora tiene 19 años.


Autora: Romina Munafó

10 de junio de 2010

Cuerpos Satisfechos




Mientras conversaban entretenidamente, él pensaba en ella, aunque ella no lo notara. Las palabras enloquecían alrededor de su belleza.
Él, desesperado por acercarse, decide hacer algún comentario que provocara un momentobélico y terminara en un abrazo. Así fué. La sujetó fuerte mientras se balanceaban lentamente. La luz se templó y se escuchan en la habitación los suaves respiros. El aroma de los alientos se entremezclan. La humedad lubrica los pensamientos.
Él, se apoya en el hombro de ella quedando a unos pocos centímetros del cuello, esa parte irresistible en un abrazo de alguien que se desea. Ya exitado hasta el límite decide besarle el cuello ávido, suave como el terciopelo. Ella lo estira lentamente para que la siguiera besando, lo cuál, aún más lo motiva y casi en la desesperación, la hubiera mordido.
Suavemente, ella bajó su rostro hasta encontrarse con los labios y a partir de allí, con el acercamiento de los cuerpos todo fue impulso, hasta fusionarse en uno. Se hacen presentes los gemidos y la tibieza de los labios busca entre las extremidades.
Los pies cosquillean y las manos se desparraman en una selva de rugidos. La exaltación de los latidos se hace notar.
Las flores comienzan a palidecer. Los pétalos sobrevuelan en el aire.
Luego, la noche despierta. Las sábanas abrazan los cuerpos mojados y la dulzura aparece. Se acarician mutuamente hasta quedar agotados, casi dormidos, con sus cuerpos transpirados, sus rostros ruborizados y sus espíritus ya pulcros.

Autora: Romina Munafó